En este mundo existen muchas leyes naturales, y una de ellas es la siembra y cosecha. A través de ella sabemos perfectamente que si llenamos un campo de semillas de maíz, al cabo de un tiempo podremos recoger, según el cuidado que tengamos de lo sembrado, las más fuertes, relucientes y deliciosas mazorcas de maíz. ¡Está muy claro que si sembramos maíz, jamás recogeremos manzanas! Y la gran noticia es que esto funciona de la misma manera en nuestros hijos.

Si usted quiere hijos ejemplares, procure sembrar (enseñar) y cuidar (predicar con el ejemplo) comportamientos imitables. Es decir, el gran problema no es lo que nuestros hijos hagan o dejen de hacer, ya que eso es el resultado de lo que ven, el quid del asunto es el tiempo y el talento que utilizamos en enseñarles pacientemente todo lo que nosotros queremos que hagan a medida que van desenvolviéndose de manera independiente en la vida, eso quiere decir moldear la actitud interna de su corazón.

Debemos, ineludiblemente, fijarnos la meta de formar hijos moralmente responsables y espiritualmente sensibles. Hoy en día innumerables padres de familia cometen el gran error de dedicarse solo a la formación física y mental de sus hijos. Estamos convencidos que la fortaleza de su cuerpo y el conocimiento intelectual son ingredientes importantes para el éxito en este mundo, pero no es todo… En realidad ni siquiera suficiente para alcanzar dicho éxito. Ed Cole decía que hay tres factores que determinan el verdadero éxito en la vida, y que definitivamente serán pilares fundamentales en la vida de nuestros hijos: el conocimiento que poseen, la fortaleza de su carácter y los principios en los que basan su vida.

Estos tres elementos, caminando juntos, constituirán una fórmula que funcionará como un muy buen aceitado motor. Pero observemos que las dos terceras partes de esta fórmula se imparten en casa: la fortaleza del carácter y los principios en los que basan su vida. ¿Qué quiere decir esto? Simple: el hogar es el lugar por excelencia para formar hijos -como decíamos líneas arriba- moralmente responsables y espiritualmente sensibles.

Si usted hace el gran esfuerzo de proveerles a sus hijos el conocimiento que los convertirá en grandes profesionales, asegúrese de acompañar esto con un indesmayable esfuerzo por sembrarles principios morales y espirituales que los sostengan en las grandes batallas de la vida. De nada servirá que se gradúen con honores en alguna profesión si por otro lado, débiles principios hagan que sean unos profesionales corruptos, irresponsables e infieles. Los verdaderos retos de la vida serán librados con un carácter sólido, no con tomos de libros grabados en la mente.

PERO, ¿QUÉ ES LO QUE DEBEMOS ENSEÑAR?

En el libro de Miqueas 6:8 podemos leer: El Señor te ha dicho lo que es bueno, y lo que él exige de ti: que hagas lo que es correcto, que ames la compasión y que camines humildemente con tu Dios”. Si esto es lo que Dios quiere para sus hijos, es entonces lo que usted debe enseñar. EI éxito de su hijo es consecuencia de que él cumpla los mandamientos de su Dios, y esto se logra dedicando tiempo para preparar no sólo la mente de nuestra descendencia, sino sobre todo su corazón.

Nuestro más reciente libro, “Cómo hacer feliz a tu hijo”, está dirigido a todos aquellos padres que se encuentran con que la crianza es una interminable fila de decisiones, palabras y gestos; algunos de ellos atinados… y otros de los más desatinados. Queridos padres, no se desesperen, desde siglos inmemoriales la crianza nos hace cometer errores en este complicado pero emocionante proceso de formar a nuestras generaciones; y no por eso los hijos han terminado como ovejas descarriadas. Sin embargo es sumamente importante que nos instruyamos y que trabajemos arduamente en tener cada vez más aciertos. Recordemos que estamos criando niños imperfectos, que no siempre obedecerán; y a menos que seamos extraterrestres, o arcángeles celestiales, usted -como nosotros- también entra en esa misma categoría de ser imperfecto.

Admiramos mucho el tesón de los padres del siglo XXI que se especializan profesionalmente con cada vez más ahínco, y que cada vez van agregando los más impresionantes títulos en su hoja de vida. El tiempo sin dormir, el talento enfocado y la inversión de dinero cada vez son mayores; y lamentablemente esto crece en proporción directa a los hijos desatendidos y los hogares sin padres. ¿Adónde estamos llevando a nuestra siguiente generación? Si nosotros no dedicamos tiempo, talento y tesoros en ellos… ¿Alguien más lo hará?

¿Será la iglesia la que pueda suplir esta necesidad? ¿Será el centro educativo quien pueda reemplazar este vacío de la nueva generación? ¿Será la televisión, internet, los amigos o alguna moderna consola de juegos? Nosotros, padres de familia, somos quienes tenemos la honorable tarea de formar a nuestros hijos, y dentro de ese privilegio se encuentra el gran deber de invertir todo lo necesario para ser eficientes en esta tarea.

CONSTRUYENDO LA FIBRA MORAL

Criar a los hijos, y aun hacerlos felices, es un reto de lo más delicado, porque cada palabra que decimos, y cada gesto que tenemos, dulce o amenazador, marcará de una manera indeleble su existencia. La manera cómo vamos construyendo la fibra moral de nuestros hijos tiene que ser pensada, ejecutada y constantemente corregida. Jamás debemos rendirnos ante una situación difícil.

El universo que significa cada niño hará que algunos principios funcionen al cien por  ciento, y otros no, pero lo importante es que tengamos a la mano las pautas para empezar y, con la ayuda de Dios, continuar de una manera creativa. Eso es lo que queremos lograr con este libro.

Este último consejo quizá sea uno de los más importantes y más pertinentes en estos días, pero también uno de los menos valorados por los padres de hoy: pase tiempo con ellos. Olvídese de la famosa frase “tiempo de calidad”, porque en este caso la calidad se mide también en función al tiempo. Es así de sencillo. Nosotros no vamos a decirle a usted cuánto tiempo es suficiente para sus hijos, eso lo dirá el corazón de cada uno de ellos. Pero con seguridad podemos decir que escuchar al pequeñín, mientras usted mira su Smartphone, y decirle -sin mirarlo siquiera- “¡Wow, qué increíble lo que haces!”, es una tremenda desconsideración hacia el rol de padre. Nos gustaría utilizar un eufemismo y que esto no suene tan duro, sin embargo la realidad es que a medida que avanza la vida moderna, los tiempos en familia, aquellos tiempos cálidos y significativos, son los que más pierden valor.

Y siempre recuerde lo que dice la Biblia acerca de ellos:

Los hijos son un regalo del Señor; son una recompensa de su parte. Los hijos que le nacen a un hombre joven son como flechas en manos de un guerrero. ¡Qué feliz es el hombre que tiene su aljaba llena de ellos!

Salmos 127:3-5