Autor: Milagros Aguayo

Hablar y escribir sobre mujeres es mi pasión. Hace 25 años vengo hablando con ellas y -créanme- puedo decir que conozco bien ese universo tan sui generis. Claro, eso no quiere decir, que conozco absolutamente todo lo que sucede con nosotras, o que tengo la solución a cada unas de las cosas que nos pasan, eso es sencillamente imposible. Sin embargo, esta experiencia me ha permitido, entre otras cosas, escribir un libro que se titula “Cómo hacer feliz al esposo”. Este libro, gracias a la bondad del Señor, ha ministrado a muchas mujeres de nuestro continente, y también siguió abriéndome el panorama acerca de le esencia de la mujer.

Creo que lo más pertinente para empezar a hablar sobre el rol de la mujer en el matrimonio es señalar ¿quién define ese rol? ¿Cuál es la voz que oyes al momento de pensar en tu rol como mujer?

Estas preguntas son muy importantes, puesto que los tiempos modernos con sus “sofisticadas” maneras de pensar, las series de televisión, internet y cualquier medio de comunicación, emiten los mensajes más disímiles y opuestos a la voluntad que Dios tiene para nosotras. Con este tipo de comunicación, el rol de la mujer en el matrimonio podría ser el de comandar rudamente un hogar, poniendo al esposo como monigote oficial de la familia; otro rol, según los medios actuales, podría ser el de esposa, madre y amiga moderna, que interactúa todo el día pegada a cuanto dispositivo electrónico exista, pero que ya no le importa el contacto personal.

Así, podríamos seguir enumerando los más pintorescos roles, pero lo cierto es que la Biblia dice claramente:

La mujer sabia edifica su hogar, pero la necia con sus propias manos lo destruye. Proverbios 14:1

Este versículo es poderoso, y con cada palabra logra capturar muy bien la esencia del rol de la mujer en el matrimonio y la familia. Notemos que la mujer sabia “edifica” su hogar. El diccionario de la Real Academia Española define “edificar” como “infundir en alguien sentimientos de piedad y virtud”. Entonces, si la mujer sabia edifica su hogar, quiere decir que el trabajo inevitable que debe hacer es sembrar -en todos los miembros del hogar- sentimientos de piedad y virtud. Dejamos a usted, amable lector (a), que medite acerca de cuáles serían estos sentimientos de piedad y virtud.

TU PROPÓSITO EN EL MATRIMONIO

Mujer, si quieres edificar tu hogar, ¡enfócate! Tú no puedes estar por el mundo dando vueltas en círculo y sin ningún objetivo. Dios te hizo con propósitos dignos, y tú estás llamada a cumplirlos. Edificar un hogar sabiamente es uno de ellos, y también es uno de los roles que como mujer estás llamada a desempeñar. Solo este versículo te debe bastar para analizar tu vida y ver cómo estás haciendo las cosas al interior de tu pacto.

No te afanes en encontrar los “seis secretos para el éxito matrimonial” o “las siete cosas que toda mujer debe saber”. Esa es sabiduría humana que finalmente desea satisfacer necesidades humanas. A la luz de la palabra, decide preguntarte “¿estoy siendo sabia al edificar mi casa? ¿O estoy siendo necia al derrumbar mi hogar con mis propias manos?

Estas preguntas tienen muchas aristas, y te invito a analizar solamente una de ellas.

LA QUEJA: ¿ES TU IDIOMA DE TODOS LOS DÍAS O LA DESECHAS CON SABIDURÍA? 

Eres sabia cuando te das cuenta de que el lenguaje del diablo es la queja, la crítica y la ofensa. Es algo que no mucha gente tiene presente, pero es la realidad. Y esto es serio, porque si todos los días estamos dándole cabida a nuestro peor enemigo a través de nuestras palabras ¿qué podemos esperar que pase con nosotras?

En cambio, el lenguaje de los cielos es la alabanza. Tenemos que alinearnos al lenguaje de Dios. Ya es hora de que reflejemos luz y que dejemos atrás el papel de esposa amargada. Debes aquilatar la posición de privilegio que Dios te ha dado como esposa, porque dependerá solamente de ti si quieres sacar lo mejor o lo peor del hombre que te acompañará para toda la vida.

Y tenemos una noticia: a los hombres no les gusta que sus esposas se están quejando siempre de todo, porque la queja ¡es un tormento!

Es natural que pienses: “¡Lógico! ¿A quién le gusta que su pareja se queje todo el día?”. Entonces te diré: Tienes la solución en tus manos, así que actúa con sabiduría. Si somos lo suficientemente conscientes de que a nadie le gusta escuchar quejas todo el día, tenemos que abandonar esa actitud. Muchas veces no nos damos cuenta, pero este necio idioma está todo el día en nuestro vocabulario. Quizá no hagas airados reclamos a diario,  quizá no grites descontroladamente y añadas otras sazones, pero empieza a revisar tu lenguaje y observa las pequeñas (y grandes)  declaraciones que haces durante el día. Si eres sabia edificarás tu casa sin quejas.

UN ROL CON MÚLTIPLES TAREAS

Desechar la queja como “idioma” natural es solo una de las tantas cosas que puedes hacer para que tu matrimonio florezca. Tu rol como mujer en el matrimonio tiene un amplio espectro de tareas por hacer, pero debes saber que Dios ha dotado a la mujer de una percepción y sabiduría únicas y extraordinarias. Por eso estoy segura que cumplirás con creces todos los encargos que Dios te vaya revelando.

Aliméntate, lee, crece y prepárate. Ten en cuenta siempre estas cuatro palabras y avanza sabiendo que eres una mujer única y sin igual.