Autor: Guillermo Aguayo

A lo largo de mi vida, trabajando en el fortalecimiento de la familia, he podido ver la desidia de muchos hombres ante su llamado natural de líder en el hogar. Hoy por hoy las cosas han cambiado mucho… pero alrededor del hombre, porque, en esencia, este liderazgo sigue sin ser ejercido en la dimensión sacerdotal que una familia necesita.

Decíamos que las cosas han cambiado… ¡y mucho! Hoy la vida es más acelerada, tenemos más reuniones de trabajo, contestamos innumerables correos electrónicos durante el día, la mensajería instantánea también absorbe nuestro tiempo; y como nuestros dispositivos electrónicos son una ventana de lo que pasa en todo el mundo, no podemos dejar de darle una mirada a una ingente cantidad de páginas web. ¡Y ni qué se diga del tiempo que se llevan de nuestra vida las redes sociales!

Con esta dura realidad, ¿queda tiempo para cumplir nuestra función de sacerdotes de nuestro hogar a cabalidad? Parece que no. Pero, ¿qué es lo que hace un sacerdote? Empecemos por allí: un sacerdote está llamado a ministrar a su esposa y a sus hijos. Él es una conexión directa entre los miembros de la familia y nuestro Dios Todopoderoso, por lo tanto, es el primero que debe establecer esa conexión.

En este aspecto, la lectura fiel y constante de la palabra de Dios se convierte en un eje fundamental para desarrollar esta vocación de sacerdote en la familia. Un tiempo separado para la meditación y para oír la voz de Dios, es un requisito indispensable para el líder del hogar.

Un sacerdote también ora por su familia, especialmente por su esposa. Permanece buen tiempo intercediendo por su salud y, en general, por todas las áreas de su vida, para que la presencia de Dios sea derramada en ella. Y los hijos, por supuesto, son otro gran motivo que llama al sacerdote a doblar sus rodillas.

LA DURA REALIDAD

¿Cómo podemos ser eficientes y diligentes con este encargo de Dios en una época como esta? ¡Hacen falta héroes que estén dispuestos a sacrificarse por sus familias! Hombre de Dios, usted está llamado a cumplir con un propósito más elevado que vivir su vida en el círculo de TRABAJAR – COMER – DORMIR. Hoy en día vemos una generación de esposos y padres cansados, agotados y ensimismados en lo que el Dr. James Dobson llama «la rutina del pánico», es decir largas jornadas de trabajo de interminables días y meses, que terminan en unos agitados días de vacaciones donde corremos al aeropuerto, llegamos de prisa al hotel y tratamos de aprovechar al máximo esos días de «descanso».

¿Es así como pretendemos ministrar a nuestra familia y ser verdaderos sacerdotes del hogar?

¿Y qué opina usted acerca de aquellos hombres que día a día llegan a casa esperando una «recompensa» por trabajar? Son hombres que no ven la hora de llegar a su casa para decirle a su esposa lo cansados que están y pedirles que sean comprensivas y no los molesten con nada. Son hombres que tienen a cualquier aparato electrónico por encima de las necesidades básicas de sus hijos, necesidades básicas como simplemente… ¡jugar!

SE NECESITAN HÉROES

Lo repetimos, ¡se necesitan héroes modernos, que den la vida por su hogar! Un héroe es alguien famoso por sus hazañas y virtudes, y un héroe en el hogar es alguien que está dispuesto a anteponer las necesidades de su esposa y sus hijos ante las propias necesidades.

Por eso, para cumplir esta noble misión de ser sacerdote en el hogar se necesita ir en contra de la corriente de este mundo, donde la auto complacencia y el «culto al yo» se erigen como las virtudes de más devoción. Así, se hace necesario levantar un modelo de máxima generosidad, un modelo donde el entregarse a sí mismo por los demás sea una realidad y no un quimérico ideal.

Es en este punto que la figura de Jesucristo se erige como el gran y perfecto modelo a seguir para ejercer un sacerdocio ejemplar dentro del hogar. El Dr. Edwin Louis Cole decía que «Hombría y semejanza a Cristo son sinónimos». Esta maravillosa y reveladora frase define muy bien cuál es el derrotero que debemos seguir como cabeza de familia, esposo y padre. En estos tiempos en que el concepto de hombría se encuentra tan distorsionado por un insulso e intemporal machismo, la semejanza a Cristo es la respuesta para todo hombre que quiera ser un héroe en su familia.

El futuro de su familia está en sus manos. Si quiere ser un verdadero sacerdote en el hogar, la receta es sencilla: ¡Pórtese como un hombre!

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