Este es un tiempo en que la familia necesita más que nunca un cuidado especial y gente que esté dispuesta a levantar su voz en defensa de la familia. Solo nos basta observar en las estadísticas el creciente número de abusos, violaciones, abandonos de hogar, violencia doméstica, abortos, parricidios e incluso asesinatos al interior del senos familiar.

Las sociedades secularizadas han cobrado fuerza con un vigor inusitado, ellas están cambiando valores fundamentales de convivencia por valores circunstanciales de conveniencia. El autosacrificio y el bienestar colectivo es dejado de lado y asoma amenazante la auto indulgencia, que busca a toda costa el bienestar individual. La estabilidad matrimonial y familiar se convierte en una quimera y llega avasallante el egoísmo y un descomunal sentido de auto satisfacción. Y como corolario, en una clara evidencia de descontrol espiritual, la verdad absoluta de la Palabra de Dios es cambiada por la verdad relativa del culto al YO, donde cada uno tiene su propia verdad.

¿Podemos avanzar en una sociedad donde cada uno tenga su propia verdad? Definitivamente no, por ello esta progresiva secularización constituye una grave amenaza para los ámbitos de la conducta moral y un consecuente incremento de familias disfuncionales. Se entiende ”moral”, como el conjunto de normas que el ser humano adquiere para regir su conducta y hacer lo correcto o ”bueno”, asimismo evitar lo incorrecto o ”malo”. El desafío de toda nación está en determinar quién o qué define los conceptos de ”bueno” y ”malo”. La Biblia fue, es y será el gran código de conducta moral, donde el bien y el mal tienen un necesario y conveniente desencuentro.

Sin embargo, a pesar del ataque frontal del que es víctima la familia diseñada por Dios, actualmente vemos con gozo un gran despertar que sale de América Latina para el mundo entero, donde la familia se levanta como un baluarte de la crianza de nuevas generaciones, que se erigen moralmente responsables y espiritualmente sensibles.

Blaise Pascal declaraba: “Cuando todo se está moviendo a la vez, nada parece moverse, como a bordo de un barco. Cuando todos se están moviendo hacia la depravación, nadie parece moverse, pero si alguien se atreve a parar, este pone en evidencia a los demás al actuar como un punto fijo”.

La familia encuentra su ineludible función de procrear, nutrir y cuidar, siempre y cuando esté basada en definiciones claras de conducta moral. Si dejamos que Dios, a través de Su Palabra, defina lo que nos conviene, estamos elevando los estándares de valor de nuestra familia y de nuestra sociedad; de lo contrario entramos en un cenagoso territorio de corrupción, inmoralidad y malas costumbres. Por ello es que levantamos nuestra voz en defensa de la familia y sus valores, ya que si mejoramos como familia, entonces mejoraremos como sociedad y por ende, como país.

Salvemos a la Familia es una propuesta que busca actuar como ese punto fijo y poner en evidencia lo que es nocivo para la familia. No pretendemos ser moralmente superiores sino ser moralmente responsables, por eso promovemos el retorno a los valores que tanto bien le hicieron a nuestra sociedad. Es nuestro deber.

Leave a Reply